jueves, 22 de febrero de 2018

El Gato me odia.
Es un hecho, no es que me lo esté inventando.
Me salta en la cara por las mañanas y me muerde el codo al mediodía.
Como no llego a casa hasta la noche, paso las tardes bastantes tranquilas.
Cuando me siento en el sofá antes de irme a dormir, él se tumba conmigo y se duerme, planeando cómo volverme loca la mañana siguiente.

Y así todos los días.

No sabemos nada de la Chica que Bebe Champú porque se largó hace un montón a hacer yoga. Al parecer combina esta actividad con el estudio concienzudo de oposiciones. Creo que pasaremos mucho tiempo sin verla.
Por mi cumpleaños, me envió una caja y un bote con papelitos y aún no he tocado nada, igual vuelve y me explica de qué va la cosa. O igual el Gato sigue maltratándome y me como todas las chocolatinas y me voy de una maldita vez de aquí y yo contenta.

viernes, 5 de enero de 2018

Al nuevo año le pido algo diferente cada vez que lo pienso.
Pido paciencia.
Comprensión.
Tolerancia.
Lo pido para mí y para los demás.
Pido que me aleje del Lado Oscuro, porque con cada nueva noticia y cada caso un pie se acerca al Lado Tenebroso de la Fuerza, me lleva al Miedo y al Odio. Me lleva a pensar que si no están conmigo están contra mí.
Contra mí y contra mis hermanas.

Al año nuevo le pido que nos dejen en paz.
Le pido que destierre de mi mente la chispa que se ha asentado en ella, la que me susurra que todos son iguales. La que me dice que esto no mejora. La que proyecta sombras tras de mí en la calle, la que me obliga a llevar las llaves entre los dedos.

Al año nuevo le pido que nadie tenga que escribir cosas tan bien escritas como ésta. Le pido poder enfocar todos nuestros esfuerzos en escribir sobre cosas felices y estúpidas.

Al año nuevo le pido poder volver miles de veces a Valladolor y que haga frío y usar gorros y bufandas y que no haga calor en invierno y frío en verano.
Le pido dejar de preocuparme por la Chica que Bebe Champú, que nunca avisa cuando sale de fiesta y me hace temer por su vida constantemente.


Supongo que es pedir una revolución es demasiado.



viernes, 22 de diciembre de 2017

2017

It's gonna be a bright, bright sun-shiny day. 


La navidad está por todas partes y no puedo dejar de pensar en Love Actually y en lo que me gustaba.

El 2017 me ha abierto los ojos en muchos aspectos.
Agradezco al 2017 mis-ahora-lentillas moradas, que prefiero que sean fucsias porque son más chillonas y más radicales y están todo el tiempo haciendo escáner a todo. Y llevan cresta y son punk y a mí no me gusta lo punk demasiado pero es que estas lentillas fucsias me quedan bien y me hacen llorar a veces porque me gustaría no ver cosas que me obligan a ver.



Como decía, pensaba en Love Actually. Hace unos días leí un artículo que, en resumen, decía que es una peli para chicas sobre chicos. Sobre sus sentimientos y sus acciones y palabras. Nunca sabemos qué dicen, qué piensan, qué quieren ellas. No lo tengo claro. Por sus silencios, sabemos lo que quieren ellas, pero es cierto que es que siempre ha sido así. Mejor calladitas. Mejor cerrar la boca cuando un puto loco aparece en tu puerta con carteles para decirte que te ama pero que pasa de ti. Y eso es sólo un ejemplo.
Que igual esta visión de esta película no está bien, pero ya ves, las lentillas fucsias se me han incrustado por detrás de los ojos, y a veces veo cosas.

Pero ahora mismo sólo veo a mis vacaciones a la vuelta de la esquina y todo lo demás se desvanece un poco, se queda en standby para luego.


Pero, al final, me hace feliz que estés aquí conmigo. Aquí al final de todas las cosas, Chica que Bebe Champú, sin callarnos, sin dejar de gritar.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Cenizas

Al Gato que Bebe Champú no le gusta nada que me ponga a trabajar los domingos por la tarde.
Yo le digo que así son las cosas, que no todo el mundo puede ser como él, que tiene la vida resuelta: beber champú, dormir, morder, correr-unpoco-, ser suave, ser un dios egipcio, excrementar en arena, dormir, vigilar, pisar libros, soñar, comer-unmontón-, dormir otra vez y ser un gato acuático. Todo eso día tras día. Es duro, pero tampoco tiene que pensar mucho, le sale solo.
El otro domingo (o quizás este) estaba mirando unos textos sobre comprensión lectora para sexto de primaria. Tenía mi té chai a mi izquierda, el segundo o el tercero de este invierno tardío y, quizá, más cálido de lo normal; el Gato al calor del ordenador; y cientos de post-its de colores alrededor. El té estaba ardiendo, y luego helado y no podía concentrarme en mi tarea. Algunos días atrás había recibido una carta de la Chica que Bebe Champú con una postal de Portugal.



Remarcable el hecho de que ella misma reconoce que era la postal más fea que había encontrado. Dice, también, que en el país luso viven en una República desde 1910, actualmente se encuentran en la III República.
Hasta en eso son mejores que nosotras.

(Alphonse Mucha, 1923, "Winter Night")

Las musas me han abandonado, se convirtieron en cenizas allá en el norte, en mi querido norte. El corazón llora y tiembla y lleva inquieto casi un mes. No las encuentro y yo sabía que eran mías. O quizá yo era suya, ahora nada importa porque ni las cenizas quedan.

Horas inclinada sobre un papel con un bolígrafo entre los dedos, pero lo único que encuentro es oscuridad seca en mi interior.

El Gato busca mi caricia, el calor del flexo, algún contacto que aleje la soledad pero el silencio instalado en mi escritorio le asusta y corre a refugiarse a su cuevecita hecha de mantas. Le veo marchar y lo único en lo que puedo pensar es en la Chica que Bebe Champú y en que qué demonios hará en Portugal en vez de estar aquí preparándose para el Invierno Eterno con nosotros.

sábado, 4 de noviembre de 2017