jueves, 21 de junio de 2018

The only solution was to stand and feel.

Gracias a la música que me ha dado tanto.
No me ha dado buen oído, buena voz o buen talento para tocar algún instrumento.
Pero me ha dado tanto.
Me ha abrazado, me ha dado fuerza, me ha dado penas y alegrías. Me ha enseñado inglés, francés, alemán.

Pero de lo que más agradecida estoy es de que me ha enseñado a sentir.

Y no voy a añadir nada más, porque no es necesario.
La música no se escucha, se siente.

Se siente.
Una y otra vez.
Siéntela.  
Sentidla.
Sintámosla.

martes, 17 de abril de 2018

El tiempo perdido.

Hace varios días que me fui. 
Al salir del trabajo, conduje.
Conduje sin rumbo y llegué a la playa y me comí un helado mirando al mar. 
Siempre creo que podría encontrar un mejor helado de chocolate, pero lo cierto es que nunca comeré uno mejor que el de Londres de la heladería que hay frente a la tienda de los helados de magnum. Era un helado que no era un helado, ya que no llevaba leche por lo tanto encima era más sano; era chocolate negro por lo tanto TODAVÍA más sano; y, además tenía sal del Himalaya POR LO TANTO, TRIPLE SANIDAD. 
Vamos, que estaba tan bueno y conservo un recuerdo tan puro que estoy segura que cuando vuelva y me pida el mismo no me sabrá ni la mitad de delicioso que me supo entonces. 

Eso es lo que pasa con los recuerdos. 
Son insectos atrapados en ámbar. 
Volvemos a ellos en nuestros momentos más débiles y en nuestra euforia absoluta. 
Los acunamos y los alimentamos y, aunque creamos que podemos modificarlos, lo cierto es que no podemos, porque los recuerdos nos hacen creer y sentir cosas que ya no volverán. 
Los adoramos y nos decepciona la situación real que es que ya se acabó, que ya no será así nunca más, ni mejor ni peor, diferente. 

"Aquí estamos, señor Pilgrim, atrapados en el ámbar de este momento", dije en voz alta, parafraseando a Kurt Vonnegut y sin dejar de mirar al mar. 

Se me había acabado el helado y las ganas de seguir viviendo de los recuerdos. 
Comprendí que mis recuerdos me habían olvidado mucho tiempo atrás, que yo no les importaba, que habían continuado con sus vidas, viajando por países lejanos, paseando perros, bebiendo en pubs, jugando a juegos de mesa..., y siempre sin preocuparse por mí. No era muy justo ni muy inteligente por mi parte seguir con la misma rutina. 
Pero, ¿cómo dejar de hacer lo único que una sabe hacer? Escaparse no es tan fácil. 
Eso lo comprendí sin apartar la mirada del maldito mar, que no dejaba de llamarme. 
Cuando por fin logré despegarme de allí, se estaba haciendo de noche y la humedad comenzaba a calar. Pensé que tendría que volver a mi casa, pero el caso es que conduje un poco más lejos y...




martes, 3 de abril de 2018

La piedra

El otro día me llegó una carta de la Chica que Bebe Champú en la que me decía que había soñado conmigo, que estábamos de vuelta en Londres y que nos íbamos de sidras.
"Tú perdías tus gafas de sol favoritas y me culpabas de ello", decía la carta.

"Eso no fue un sueño", dije en voz alta, "eso pasó".

El Gato me miró de reojo y continuó lamiéndose sus partes. Eso es lo mucho que le importaba mi punto de vista.


"Estoy cansada y por eso me he tenido que ir, puede que vuelva pronto", continuaba la carta, "a veces no puedo con la vida, ¿entiendes?, es como si a veces me quedara sin aliento y sin ganas de hacer nada y, al minuto, tuviera tanta energía como para parar un tren con el poder de mi mente. No sé si serás capaz de entenderlo, pero esos cambios tan bruscos me agotan. Mi terapeuta me ha dicho que no tengo nada, pero el caso es que cada semana me da cita para la semana siguiente. Me he dado cuenta de que tengo que decir en voz alta VOY A UNA TERAPEUTA porque no hay nada de malo en querer arreglar mi cabeza, mi sentir y mi vida, pero todavía estoy un poco tierna y por eso no he vuelto de visita. Pero volveré, eso te lo prometo. Te mando esta piedra que encontré en la playa ayer. Tiene grietas, como nuestra amistad, pero sigue intacta y eso es algo interesante."


Cerré los dedos alrededor de la piedra y suspiré. Claro que entendía a mi amiga porque quizá sufríamos el mismo mal. La piedra estaba fría, aunque estaba segura de que pronto absorbería todo el calor de mi piel.

El Gato maulló y saltó en mi regazo, olisqueando la piedra. Ronroneó con satisfacción y se enrolló sobre sí mismo.

Me pregunté si aquello significaba que nos llevaríamos mejor.


Estaba segura de que no pasaría tan pronto, pero por si acaso, me guardé la piedra en el bolsillo y me quedé muy quieta a su lado.

domingo, 11 de marzo de 2018

we are the changes that you fear

Lo del jueves, todos los días.
Y, ¿por qué creí ser una exagerada y preguntar si lo sacaba todo de quicio?
Y, ¿por qué permití que alguien me dijera que sí lo estaba siendo?

EL OPRESOR NO SERÍA TAN FUERTE SI NO TUVIESE CÓMPLICES ENTRE LOS PROPIOS OPRIMIDOS. (Simone de Beauvoir)




we are today
we are the voices in your head
we are the music that you hear
we are the changes that you fear 
(Rebel and the basketcase)



Ahora tenemos conocimiento, no vamos a soltarlo, no vamos a arrepentirnos de las gafas, sabemos quiénes estuvieron antes de nosotras, reconocemos a las que están con nosotras, no menospreciamos a las que vienen después de nosotras ni a las que vendrán. 

Por doña Clara y por doña Emilia. 
Por todas las doñas y todas las donas.
Por las musas, las artistas, las hermanas y (no)madres. 
Por Lilith y por Eva. 

Porque somos las hijas de las brujas que no pudisteis quemar. 

Porque todo va hacia delante y hacia fuera. 
Porque juntas, somos imparables



jueves, 22 de febrero de 2018

El Gato me odia.
Es un hecho, no es que me lo esté inventando.
Me salta en la cara por las mañanas y me muerde el codo al mediodía.
Como no llego a casa hasta la noche, paso las tardes bastantes tranquilas.
Cuando me siento en el sofá antes de irme a dormir, él se tumba conmigo y se duerme, planeando cómo volverme loca la mañana siguiente.

Y así todos los días.

No sabemos nada de la Chica que Bebe Champú porque se largó hace un montón a hacer yoga. Al parecer combina esta actividad con el estudio concienzudo de oposiciones. Creo que pasaremos mucho tiempo sin verla.
Por mi cumpleaños, me envió una caja y un bote con papelitos y aún no he tocado nada, igual vuelve y me explica de qué va la cosa. O igual el Gato sigue maltratándome y me como todas las chocolatinas y me voy de una maldita vez de aquí y yo contenta.